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El testimonio de Mona: coerción sexual en Bnei Baruch

Investigación sobre Bnei Baruch · Punto de entrada · Parte 2 de 4

“Me quebraron hasta que empecé a creer en su locura”.

Mona (izquierda): pasó 16 años en Bnei Baruch y después habló públicamente de coerción sexual. Michael Laitman (derecha): líder del movimiento contra quien se dirigen sus acusaciones

Mona llegó a Bnei Baruch en busca de seguridad. Pasó dieciséis años en la organización. Cuando salió y habló públicamente, según su testimonio, esta publicó sus datos personales y la acusó de prostitución.

Dieciséis años

Mona vivía bajo un régimen de sumisión: trabajo no remunerado, controles permanentes de lealtad y un lenguaje en el que la duda personal se declaraba debilidad del ego. Cada privación tenía una explicación preparada: el sufrimiento era señal de avance espiritual; la negativa, una ruptura del camino hacia el Creador.

Los años dentro del grupo le enseñaron a traducir el malestar en “etapa necesaria de crecimiento”. Katya Sukhova describe una dependencia parecida formada en el grupo francés y en el trabajo no remunerado; en el caso de Mona pesa sobre todo la duración: dieciséis años en el mismo entorno.

Viaje a Israel

En una de las etapas, Mona llegó al centro israelí de la organización. Allí la terminología habitual del “trabajo interior” pasó a tocar los límites del cuerpo. En su videotestimonio público contó que le exigían mantener relaciones sexuales con hombres del círculo interno, y que esa exigencia se presentaba a través del estatus espiritual particular de ellos, como si someterse confirmara su propio camino espiritual.

Dentro del círculo, el rechazo se leía como desobediencia y como desprecio a la autoridad del líder. Mona resumió esa etapa en una frase: “Me quebraron hasta que empecé a creer en su locura”. Detrás están años de adaptación a un lenguaje en el que la violencia podía llamarse trabajo espiritual.

Después de salir

Cuando Mona salió de la organización y habló públicamente, según su testimonio, la respuesta no fue una revisión de sus palabras. Publicaron sus datos personales, aparecieron acusaciones de prostitución y hubo intentos de destruir su negocio.

Mona ofrece un video testimonio público sobre coerción sexual dentro de Bnei Baruch; después de su publicación comenzó contra ella una campaña organizada de descrédito

Según Mona, la respuesta apuntó a su reputación, no a la verificación de los hechos. Tras la salida, la historia personal toca una pregunta más amplia: qué pasaba con las denuncias y los testimonios cuando salían del entorno interno. Esa brecha entre la voz de una testigo y la revisión externa se aborda en una investigación separada.

Mona es una de las pocas que no retrocedió. Su videotestimonio sigue disponible al público. La organización no respondió al fondo del asunto.

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