El camino hacia adentro: cómo se construye realmente el sistema
Entrar en Bnei Baruch no se parece a sumarse a una organización cerrada. Al principio hay un video de YouTube, una voz tranquila, clases gratuitas y la promesa de un método que dice explicar cómo funciona el mundo. Nadie firma un contrato con una secta. La persona solo mira otra clase.
Un mes después, esa misma persona puede levantarse para una clase a las tres de la mañana, cancelar encuentros, escuchar a Michael Laitman todo el día en un reproductor MP3 y dormirse con auriculares. Así describió sus primeros meses un antiguo alumno online en un testimonio publicado por A Mother in Israel.
La entrada se construye por continuaciones pequeñas: una clase abierta se vuelve horario, obligación, grupo, pago, lenguaje interno y reglas que la persona pasa a vivir como su propia elección espiritual.
Etapa 1 - Entrada gratuita
Las clases de cabalá están abiertas. Son gratuitas, sin registro y sin requisitos de admisión. A diferencia de las escuelas cabalísticas ortodoxas, aquí entran personas laicas, no religiosas y no judías. Una pareja se sumó precisamente porque la organización no objetó el origen no judío del marido, según el relato de A Mother in Israel.
Así cae la primera resistencia. Nadie siente que esté cambiando de vida. Entra en una videoteca que parece autoeducación.
El buscador completa el embudo. El bloguero Hezi Amiel escribió que el centro cabalístico ocupa los primeros puestos en los motores de búsqueda, mientras la información crítica es antigua y queda enterrada. Quien busca “cabalá” llega a ellos. Quien busca dudas sobre Bnei Baruch vuelve a caer en un terreno que el movimiento ya tomó. El reglamento interno cierra después el otro lado: hacia fuera solo salen materiales editados y censurados, y hablar en público en nombre de Bnei Baruch queda reservado a personas designadas.
Etapa 2 - Eliminación de la barrera religiosa
El movimiento presenta la cabalá como ciencia, no como religión. La fórmula encaja con personas que no pisarían una sinagoga, pero sí escuchan una clase sobre las “leyes de la realidad”. The Seventh Eye describió ese rasgo del movimiento como la pretensión de enseñar doctrina mística a personas que no son religiosas e incluso no son judías.
A la vez se desactiva la verificación externa. En el material local de A Mother in Israel, Kiryat Matalon aparece como el barrio junto al centro Kabbalah La’Am al que se mudaban participantes del grupo. Cuando una vecina les preguntó a mujeres de ese entorno por la Torá judía, ellas respondieron “Shtuyot”, tonterías, y explicaron que seguían la cabalá, no la Torá. No es color local. Es una señal temprana: al lado del centro se forma un círculo en el que las instrucciones directas de Laitman pesan más que la norma religiosa conocida.
En esta etapa al recién llegado le dicen que no cambie de trabajo, ropa ni hábitos. Por fuera todo sigue igual. Por dentro ya aparece un eje nuevo: clase, grupo, Laitman.
Etapa 3 - Centralización de la autoridad
A Michael Laitman lo llaman “Rav”, aunque en una entrevista antigua él mismo aclaró que era un apodo, no una ordenación rabínica. Ya en 2009 The Seventh Eye señaló que la cobertura televisiva pasaba por alto justo ese problema: el espectador veía al líder de un movimiento con rasgos sectarios, no a un profesor neutral.
A partir de ahí la autoridad deja de ser un respeto común a un docente. En los materiales del movimiento y en testimonios de antiguos participantes se ata a una jerarquía espiritual: Laitman interpreta los textos de Baal HaSulam, el grupo confirma esa lectura y la duda recibe una fórmula ya hecha: “fe por encima de la razón”.
La sacralización del maestro está detallada en «El Creador habla a través del maestro». Sin esa centralización alrededor de Laitman, las reglas siguientes parecerían la disciplina de un grupo de estudio. Con ella, se vuelven condiciones de progreso espiritual.
Etapa 4 - El horario como obligación
Un reglamento interno para miembros de Bnei Baruch, conservado en el archivo del proyecto, traduce el lenguaje general de la “garantía mutua” a un régimen concreto. La clase matutina figura como obligación diaria. Las reglas disciplinarias del día laborable fijan el horario 3:15-06:00, exigen silencio absoluto, prohíben salir de la sala sin una razón autorizada, obligan a avisar con antelación cualquier ausencia y dejan un procedimiento aparte para quienes llegan tarde. Para alguien que viene de otro barrio o de otra ciudad, eso significa levantarse en plena noche, alrededor de una hora antes de que empiece la clase.
El horario reorganiza el sueño, el trabajo, la familia y el cuerpo. Una vecina de Kiryat Matalon contó que, si uno sale a la calle a las tres de la mañana, puede ver hombres caminando hacia el centro desde su barrio, desde Tel Aviv y desde otras ciudades. Para un observador externo, no es un estudio nocturno normal: es un flujo nocturno de gente que converge en un mismo centro. Para el participante, una prueba de seriedad.
La misma publicación local en A Mother in Israel distingue este régimen del estudio nocturno habitual: según la vecina, los hombres hacen voluntariado o estudian por la tarde y vuelven de 3 a 6 de la mañana; en Pesaj y Sucot, dice ella, casi no ven a sus esposas. No es un documento judicial. Como observación del barrio, deja claro el costo doméstico del horario nocturno.
La regla interna importa porque saca el horario del plano de la costumbre. Faltar a los estudios, a las fiestas, a los sábados, a las reuniones de amigos, al trabajo conjunto y a las acciones del grupo se describe como separación de la sociedad y daño al kli común. La persona no se salta una actividad. Supuestamente daña el recipiente espiritual compartido.
Etapa 5 - El grupo como presión
El mismo reglamento define el grupo como espacio de responsabilidad y servicio. Cada participante debe tener una función asignada para el grupo o el centro: guardia, trabajo en eventos, difusión, ayuda en las comidas comunes, una tarea técnica u organizativa. Si esa función falta, se espera que el participante busque de inmediato una nueva obligación dentro de la estructura común.
Otro apartado controla la “caída”. En el documento, el participante pide por adelantado a sus amigos que no acepten sus argumentos futuros, aunque suenen lógicos y convincentes, cuando pierda la importancia de la meta. Los amigos reciben permiso para devolverlo a las acciones del grupo: clases, sábados y reuniones. Al firmar, el participante acepta que, cuando luego no esté de acuerdo, sus propias palabras puedan dejarse de lado. La resistencia futura queda clasificada de antemano como estado de descenso.
Etapa 6 - Pago y tiempo invertido
El dinero ata al participante al grupo. El mismo reglamento incluye entre sus obligaciones el maaser mensual y pagos obligatorios, con gastos de mantenimiento y comida. Si surge un problema económico, el participante debe dirigirse al departamento de ayuda social.
En la publicación de A Mother in Israel, Laitman respondió a las afirmaciones de antiguos participantes diciendo que se trataba de un diezmo del 10%, “como en cualquier sinagoga comunitaria de Bnei Brak”; antiguos participantes hablaban de sumas más cercanas al 20%. En la entrada pesa menos la cifra exacta que la inversión acumulada: cuanto más ha puesto una persona en dinero, noches y trabajo gratuito, más le cuesta admitir que la entrada fue un error.
En el testimonio online del mismo sitio, un antiguo participante remarcaba el otro lado de esa misma atadura: nunca vivió en Israel y entró por clases de internet, y aun así reorganizó el sueño, los encuentros con amigos y el día alrededor de las transmisiones en directo. Quedan así dos capas de fuente: la observación local de Petah Tikva y el relato personal de alguien absorbido a distancia.
La estructura financiera completa se explica aparte en el material sobre dinero y control.
Etapa 7 - Cierre del circuito informativo
El documento corta de raíz las fuentes alternativas. Al participante se le prohíbe aceptar otra dirección “espiritual”, leer materiales fuera de los aceptados por el grupo y escuchar a otro Rav. Tampoco puede entrar al centro con literatura ajena, salvo para fines de difusión.
Así desaparece el vocabulario externo. Quien empieza a dudar tiene que traducir la duda de vuelta al lenguaje del grupo. Si ve una infracción, el documento le exige denunciarla a la comisión de la sociedad: callar lo convierte en cómplice. Si la resistencia se queda dentro y no llega a la comisión, se describe como daño a la sociedad.
El mismo circuito se cierra sobre los medios. El reglamento prohíbe usar material sin editar y sacar fuera videos, audios, textos u otros medios que no hayan pasado por edición y censura. Hablar en público en nombre de Bnei Baruch también queda reservado a las personas designadas. Eso ya no es una simple disciplina de estudio: define quién habla hacia fuera, con qué material y después de qué procesamiento.
El resultado es una persona dentro de un sistema que decide a la vez el material, el lenguaje, el horario, la obligación de servicio, el pago y el canal permitido hacia afuera.
Etapa 8 - El congreso como modelo de régimen
Otro documento interno, el reglamento del congreso de Arava, lleva el mismo principio a un evento de varios días. Durante esos días el participante debe desconectarse del mundo material. El documento enumera teléfono, portátil y reproductor MP3 entre los objetos prohibidos en el recinto. Quien sale del territorio no puede volver. Solo se puede dormir dentro del recinto del congreso.
Adentro rige un régimen de silencio, movimiento común y turnos. Cada turno es obligación: cocina, descanso, vigilancia, servicio, “policías” y guardias. El participante debe obedecer a los amigos oficialmente designados para controlar el cumplimiento de las condiciones.
La palabra “policías” resalta, pero la presión real viene de la garantía mutua convertida en red disciplinaria. Si la dirección decide que un participante incumplió las condiciones, debe abandonar el recinto de inmediato y pagarse el regreso. Si un garante firmó por él, sale con él.
Esto ya es más que la severidad común de un campamento. Promesa espiritual, aislamiento físico y responsabilidad de los amigos se atan en un mismo ejercicio de obediencia.
La exigencia es solo la mitad. El reglamento carga de antemano cualquier incumplimiento con culpa espiritual. Una persona puede no aguantar el horario nocturno, cansarse, enfermarse, dudar, querer hablar con alguien de fuera, faltar a una clase o salirse del movimiento común. El lenguaje del documento traduce esos límites humanos en “descenso”, daño al kli común, falta de garantía mutua o amenaza para la sociedad.
Se forma así un círculo cerrado: cuanto más cuesta estar dentro, más fácil resulta explicarlo por la debilidad, el egoísmo o la falta de importancia de la meta del propio participante, y no por la presión del sistema. Es uno de los rasgos más claros de una disciplina grupal destructiva: las reglas no se pueden cumplir del todo, y la culpa por no cumplirlas vuelve de antemano contra el participante.
Etapa 9 - Dos realidades
Por fuera quedan las clases gratuitas, las palabras sobre unidad y amor al prójimo, el canal de televisión, los festivales y los congresos públicos. Por dentro: horario nocturno, presencia obligatoria, maaser, funciones asignadas, deber de denunciar infracciones, prohibición de materiales espirituales externos, control de los medios y reglas para salir del congreso.
Ese desdoblamiento explica por qué los alumnos externos pueden, de buena fe, no ver la parte pesada. Entran por la fachada abierta y pueden quedarse allí mucho tiempo. Cuanto más se acerca la persona al centro, más se convierte la retórica general en obligaciones concretas.
Una queja personal dentro de ese circuito ya no se procesa como una señal de alarma normal. Se ve en miniatura en la correspondencia «¿Cómo seguir viviendo?», donde una pregunta sobre la mentira se le devuelve al alumno como problema de su propio “egoísmo distorsionado”.
Hacia dónde sale este mecanismo
Cuando una disciplina así funciona durante años, puede salir hacia afuera: a medios, proyectos educativos, actividad partidaria y cargos estatales. La continuación política y presupuestaria se trata en el material sobre el proyecto de ley de 50 millones de shekels.
Esa salida ya está documentada. Una grabación que llegó a manos de periodistas muestra cómo el lenguaje del “bloque” interno pasa a la práctica política: la gente del movimiento debe entrar en instituciones y empujar los proyectos necesarios.
Epílogo
Al final de este camino, el participante ya tiene horario, maaser, función asignada, prohibición de materiales espirituales externos y la costumbre de entregar la duda para que el grupo la procese.